La disputa por Guerrero, una bomba  de tiempo

Redacción Noticias MX.-Los recientes hechos violentos en la sierra y en Iguala, que involucran al Ejército, advierten el recrudecimiento de la violencia en Guerrero y exhiben otro fracaso de la estrategia federal de seguridad. En el primer caso tres solados fueron asesinados en una emboscada y en el segundo, 14 civiles armados murieron en un presunto enfrentamiento con militares. 

La estrategia contra el crimen organizado en Guerrero es dirigida –paradójicamente– por el general Juan Manuel Rico Gámez, actual comandante de la Novena Región Militar. En el sexenio pasado fue incluido en una lista negra de militares presuntamente vinculados con el Cártel de los Beltrán Leyva. 

Cuatro meses antes del caso Ayotzinapa era el comandante de la 35 Zona Militar, con sede en Chilpancingo, y responsable del 27 Batallón de Infantería, en Iguala, donde las autoridades civiles y militares son señaladas de actuar en contubernio con el narco para asesinar y ¬desaparecer a los normalistas, en septiembre de 2014.

Otro caso: el actual secretario de Seguridad Pública de Guerrero es David Portillo Menchaca, quien encabezó a la Policía Federal en el estado en 2014, cuando ocurrió la desaparición de los normalistas.

Además, se ha detectado el surgimiento de 19 grupos de autodefensa y una policía comunitaria que controlan la mitad de Guerrero, así como la operación de 18 organizaciones criminales que se disputan el control de las zonas de producción y trasiego de droga y las ganancias que genera la industria minera, reconoce el gobierno estatal.

Pugna en la Sierra

La agresión contra los militares causó una confrontación verbal entre los líderes de los grupos delictivos que se disputan el corredor de la heroína y la producción minera en la región Centro del estado.

Salvador Alanís Trujillo, del grupo delictivo de Tlacotepec que dirige Onésimo Marquina Chapa, ‘El Necho’, responsabilizó al líder del Cártel del Sur, Isaac Navarrete Celis, ‘El Señor de la ‘I, del atentado contra los soldados y anunció una incursión armada en el poblado de Chichihualco, cabecera municipal de Leonardo Bravo, considerado el bastión del bando antagónico.

En una entrevista publicada en el periódico El Sur, Alanís advirtió que el toque de queda que se mantiene en el municipio de Apaxtla de Castrejón se va a extender a Teloloapan, y sostuvo que se “avizora un estallido social en la sierra de Guerrero”.

En respuesta, Navarrete Celis se deslindó de la masacre de militares y afirmó que el alcalde priista de Tlacotepec, Serafín Hernández Landa, es cuñado del ‘Necho’, y acusó a las autoridades de no actuar para evitar la infiltración del narco en las administraciones municipales.

De acuerdo con Navarrete, la guerra en la sierra cesó después de que el gobierno federal entabló algunos acuerdos con las personas que fueron desplazadas por el grupo de Tlacotepec del corredor Filo de Caballos.

A 20 días del ataque contra los militares, una partida castrense abatió a 14 presuntos sicarios durante un enfrentamiento ocurrido el martes 15. El choque ocurrió en las inmediaciones de Iguala, en la convulsionada zona norte, donde también murió un soldado.

Pueblo fantasma 

Los 14 civiles armados que fueron abatidos en Tepochica, municipio de Iguala, fueron identificados como integrantes de una célula escindida de Guerreros Unidos, liderada por Pedro Millán Flores, ‘El Nueve’.

Entre los cuerpos se identificó a José Mojica, ‘El Pestañas’, y a Néstor Arcos Bello, ‘El Oaxaco’. Ambos eran lugartenientes de ‘El Nueve’ y sus rostros habían aparecido en carteles que tapizaron Iguala la mañana del mismo martes 15. Ambos murieron junto con otros jóvenes procedentes de Tlacotepec y del poblado de Zumpango, municipio de Eduardo Neri, indican reportes oficiales consultados por Proceso.

De acuerdo con Apro, la escisión de Guerreros Unidos opera en Huitzuco, así como en las inmediaciones de Iguala y mantiene una alianza con el grupo delictivo de Tlacotepec que lidera ‘El Necho’, refieren los mismos informes.

El grupo del ‘Nueve’ actualmente mantiene una confrontación con los viejos líderes de Guerreros Unidos, quienes recientemente fueron excarcelados por el caso Ayotzinapa, entre ellos, Gildardo López Astudillo, ‘El Cabo Gil’, informó una fuente oficial que solicitó el anonimato.

Durante un recorrido realizado por este reportero –la semana pasada– en la comunidad de Tepochica se observó un pueblo fantasma y a una población que estaba aterrada; algunos eran indiferentes.

El lugar, a escasos metros de Iguala, está formado por un centenar de viviendas salpicadas en una loma y alberga a cerca de 700 habitantes, cuya mayoría permanecía en sus hogares, pese a que pasaban las 14:00 horas.
Afuera, sobre la calle principal, había manchas de sangre y ojivas y cartuchos percutidos de fusiles AK-47, G-3 y AR-15, que sin explicación dejaron los peritos de la Fiscalía General de Guerrero.

Algunos pobladores que se atrevieron a hablar narraron que la balacera duró más de media hora; refieren que previamente los militares habían bajado con dos jóvenes asesinados y que enseguida un convoy de tres camionetas fue interceptado por los uniformados… “Sólo se escuchó metralla”.


 

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